Carisma del FIAT
Fiat (hágase) es la palabra con la que Dios ha creado todas las cosas: hágase la luz… (Gn 1,3). En su providencia e infinito amor Él nos quiere participar de su misma vida divina y, quiso que el ser humano -creado por amor- le responda por amor. Nadie como María ha respondido tan perfectamente a este llamado de Dios: hágase en mí según tu Palabra (Lc 1,38). Con su Fiat, ella ha asumido este carisma -que es Dios mismo-, lo vive y lo transmite en nombre de su Hijo Jesús, quien le entregó esta tarea al pie de la cruz: Mujer, ahí tienes a tu hijo (Jn 19,26). Desde entonces Ella nos comparte este carisma a toda la humanidad que tiene que ser salvada.
ESPIRITUALIDAD
El Fiat de María, aunque único e irrepetible, se abre a los creyentes como un camino. Nosotros buscamos incorporarnos a este Fiat para que con María y como María pronunciemos nuestro Fiat a Dios, para que Jesús con el Padre y el Espíritu Santo vivan en nosotros y lleven, por la comunicación de su vida, nuestro ser a la plenitud. Nuestra respuesta amorosa a Dios se manifiesta en una profunda vida religiosa:
Vida con la Iglesia que implica: vivencia de los sacramentos, Liturgia de las horas, Santo Rosario, oraciones nacidas del corazón y meditación.
Escuchar atentos y diariamente la Palabra de Dios en la oración contemplativa, lectura espiritual y reflexión personal. Si es posible asistir diariamente a la Santa Misa y con especial diligencia tener cuidado de que nuestras conciencias estén abiertas y transparentes delante de Dios y de la Iglesia.
Cristo en la Eucaristía • ha de ser el centro y el corazón de nuestras comunidades. • Se debe fomentar el deseo ferviente de visitarlo varias veces al día y convivir con Él en un intercambio amoroso.
Nuestras capillas deben ser sencillas: , arregladas con cariño y gusto, limpias y, donde sea posible, con flores frescas.
Estamos profundamente convencidos de que los Ángeles y Santos están con nosotros. Este saber llena nuestra vida de gran alegría, nos ayuda a sentirnos protegidos y nos colma de gratitud.
Convencidos de que el Señor nos dejó con ellos un tesoro grande en su Iglesia, no despreciamos y hacemos uso de las bendiciones, sacramentales e indulgencias.